Si pudiésemos ver Cuba como un horizonte cultural en expansión el resultado sería una vista caleidoscópica, repleta del sazón del Caribe, el contoneo de caderas de una mulata, y una música con una célula rítmica digamos muy suya. Sin embargo, a pesar de que la música ha crecido a partir de las raíces del ímpetu, hay un género que destaca por agarrar la fibra del sentimiento en su profundidad y marcarle los dedos: la canción en todas sus variantes, un símbolo de tradición que con el tiempo ha cambiado totalmente de forma. Aquí un poco de su historia:
La evolución de la canción se enmarca en tres etapas, la primera de ellas la Trova Tradicional. En el siglo XIX, cuando se estilaban para las clases altas cubanas los entretenimientos en bailes de salón, en Santiago de Cuba el sector de la clase media encontraba en la poesía y la guitarra otro tipo de refugio. Las serenatas y canturías (reuniones espontáneas mayormente) fueron el espacio donde trovadores improvisados hablaban acerca del sentimiento de admiración a la naturaleza, el amor a la figura de la mujer, y sus inspiraciones más pasionales y sentimentales. De ahí surgen géneros como la Criolla, el Bolero tradicional, y la Habanera. Se dice como su iniciador a Pepe Sánchez, con‘Tristezas’, pero son figuras muy destacadas Manuel Corona y Sindo Garay.
El Filin (Feeling):
Cerca de los años 1940 ya ha llegado a La Habana la cultura de la trova, y los nuevos trovadores han volcado en sus letras un componente más poético y emotivo. Además, la influencia del jazz norteamericano inspira y contribuye a que en esta etapa se vuelva mucho más complejo el papel de la guitarra: el acompañamiento musical alcanza tanta importancia como el mismo texto y logra un nivel técnico más exigente. Aún así, la poesía no queda atrás, y se comienza a utilizar un lenguaje lírico buscando extraer toda la belleza de las palabras. Entre los máximos exponentes del movimiento están César Portillo de la Luz, José Antonio Méndez; y también intérpretes como Omara Portuondo, Elena Burke, e Ignacio Villa (conocido como Bola de Nieve).
La Nueva Trova:
La última de las etapas de transformación de la canción surge en los años 60, de la mano de Silvio Rodríguez y Pablo Milanés. Se le llamaba «música para inteligentes», por el fuerte contenido intelectual de sus letras. La mayoría de ellas hablaban sobre causa social, política, existencialismo, sin perder la finura de una lírica bien trabajada. Ya no iban todas estas letras sólo acompañadas de guitarra, sino que bajo la influencia del rock del momento y la canción latinoamericana, se utilizaban formatos de orquesta e instrumentos eléctricos. A raíz de esta evolución, se sentaron las bases para toda la canción contemporánea cubana posterior.
Actualmente, a pesar de todos los años que han pasado, en Cuba son tradición todos esos boleros conmovedores y demás canciones, que siempre se atesoran por lo que representan: patrimonio e identidad.